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El mapa y el territorio, de Michel Houllebecq (Premio Goncourt 2010)
Editorial Anagrama, 2011

Encontramos aquí a un Houllebecq que en lugar de provocar con temas de índole más sexual como ya hizo en “Plataforma” o en “La posibilidad de una isla”, hace en esta novela una crítica más profunda, inteligente y acertada al mundo del arte contemporáneo en particular y a la sociedad capitalista en general a través de personajes solitarios y desencantados que representan la realidad desangelada a la que nos enfrentamos hoy día.  El protagonista es Jed Martin, un artista que alcanza el éxito con una exposición de instantáneas a partes concretas de mapas de la guía de carretera Michelín; a la hora de editar el catálogo, decide que el texto sea escrito por alguien de calidad y para ello contacta con Michel Houllebecq. El guiño que hace el autor es interesante; al incluirse como personaje ficticio de la historia y hablar de sí mismo en tercera persona, Houllebecq ironiza sobre el ego de los escritores y lo lleva a su súmmun. Pero sigamos; a través de su trabajo Jed conoce a Olga, una rusa que trabaja como ejecutiva para la compañía gala y que se convertirá en su amante/amor; ella, Houllebecq (con el que trata de construir una relación imposible dado el carácter extremadamente asocial de los dos personajes) y su padre, son los protagonistas de la vida de Jed; un entorno desolador, en suma, ya que ninguno de los tres tienen una relación suficientemente estrecha con el artista. Esta miseria personal contrasta dramáticamente con los millones que va amasando Jed, quién tras recibir la ovación de la crítica se zambulle en una serie de retratos a personajes célebres de la sociedad, para saciar egos y que tiene un éxito si cabe, aún más arrollador. Entre estas obras se encuentran "Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática" en el que ambos aparecen jugando al ajedrez con aspecto completamente diferente pese a que se dediquen a lo mismo. Maduro y recreándose con mayor profundidad en detalles importantes, Houllebecq nos narra la vida de Jed hasta su muerte y fuerza al lector a que reflexione y se replantee cuestiones como el suicido o la eutanasia, asuntos que aparecen en la novela y que son contemplados desde un punto de vista más próximo, menos egoísta. La conclusión es triste; no es el amor, sino el dinero, lo que mueve el mundo. “ Es curioso, podría creerse que la necesidad de expresarse, de dejar huella en el mundo, es una fuerza poderosa; y, sin embargo, por lo general, no basta. Lo que mejor funciona, lo que empuja a la gente con la mayor violencia a superarse sigue siendo la pura y simple necesidad de dinero” (Houllebecq:2011:39).  
Dejo otro extracto (2011:220)