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Una forma de vida, de Amélie Nothomb
Editorial Anagrama, 2012

Desde que leí hace años " Cosmética del enemigo" he seguido la trayectoria de Amélie Nothomb con fascinación, por ser una escritora absolutamente original sin que eso sea un artificio, una estrategia, una pose; atenta también a nuestros paralelismos (la potomanía entre ellos).  Como Houllebecq en "Mapa y territorio" éste libro es autorreferencial,  la foto de la escritora aparece en la portada como en todos sus libros y dentro de la novela encontramos pasajes en los que se jacta de su alto número de lectores o de su increíble éxito; no es arrogancia, es simplemente la verdad, pero estamos tan acostumbrados a la falsa humildad que puede llegar a sorprendernos. “Una forma de vida” es una novela autobiográfica (como tantas de sus obras) narrada en primera persona, que cuenta la relación epistolar entre ella y  Melvin Mapple, un soldado norteamericano destinado en Bagdad que comienza a escribirle como tantos otros de sus lectores. Nothomb, que ha escrito mucho sobre los trastornos alimentarios se recrea aquí en la obesidad mórbida, en el cuerpo convertido en obra de arte y en denuncia social a un tiempo, pero sobre todo en reflejo del malestar interior. La lectura es fluida, uno se sumerge con facilidad en el universo de la escritora, en su extraña forma de comunicarse con el resto de personas de forma preferentemente epistolar. Es ciertamente de los pocos autores que responde todas las cartas de sus lectores (hagámonos una idea del tiempo que invierte a diario) y en primera persona nos devela cómo trata de ser sincera y diplomática a un tiempo, de dominar las distancias, mantenerse distante y  que contrasta luego debido a la exposición a la que se somete,  con el proceso de asimilación que sufre cuando sus corresponsales dejen de escribirle, a veces sin más, una vez que ya se ha generado entre ello un vínculo. Una novela breve que se hace más interesante a medida que llegamos al final y que nos deja en ascuas y alerta.

“Detrás de toda obra se esconde una pretensión enorme, la de exponer tu visión del mundo. Si semejante arrogancia no se compensa con la angustia de la duda, el resultado es un monstruo que es al arte lo que el fanático a la fe”. (2012:74)