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Energía neoyorkina


Volvamos a las calles, a los largos paseos, a recorrer Grand Central Station, Central Park, cruzar andando el puente, detenerse en los cafés, la maravillosa biblioteca... forma parte del proceso. Recorrer los bares de Williamsburg entre semana, porque esta vez vamos a permitirnos ciertas cosas. Atreverme a jugar al ajedrez contra uno de los afroamericanos que pasan la tarde entera en Union Square y ver que resisto estoicamente, que no es tan fácil matarme. Volvamos a la calle, a las luces, al ruido, a la gente. Volvamos a la vida, al arte.

El New Museum es pequeño pero potente; la exposición  que acoge este mes “Ghost in the machine” recorre en sus cinco plantas la relación entre el hombre y la tecnología, con obras de Jeff koons y Nam June Paik entre otros. Lo más sobresaliente era una instalación artística creada por Stan VanDerBeek “Movie-drome”; una carpa en el interior de la cual uno debía tumbarse, mirando al techo como si estuviera dentro de un planetario, y permitirse disfrutar  de las proyecciones de las distintas imágenes y diálogos a modo de collage-caleidoscopio con el “I put a 
Spell on you” de Screamin Jay Hawkins de fondo. Maravilloso. La tienda del museo tiene cosas geniales: una carta de despedida (para cortar una relación) escrita en un pañuelo para regalar a la persona a la que se abandona o enormes gomas de borrar “ for really big mistakes” por ejemplo…

Pero  sin duda es el Whitney Museum (que está muy cerca del Carlyle, donde Woody Allen toca los lunes) el que me interesa. La reivindicación política y social se manifiesta en un recorrido por la obra crítica de Sharon Hayes "There is so much I want to say to you" , a través de instalaciones, vídeos y Spoken Word. 



No obstante lo que de verdad me conmueve, me sobrecoge y permanece en mi es la obra de Yakoi Kusama (1928) a la que acabo de descubrir con asombro. Es uno de esos seres privilegiados, absolutamente geniales, dotados de un talento artístico y una personalidad arrolladora que le permite triunfar en distintos campos. A sus 82 años su aspecto sigue resultando no convencional: va en una silla de ruedas de lunares, lleva el pelo tintado de color anaranjado y lleva ropa con el mismo estampado que alguna de sus piezas.


Nació en Japón, donde empezaría a destacar en la pintura desde los diez años y se trasladó a New York a los veinticuatro; fue en la gran manzana donde se empezó a hacer conocida por hacer happenings semidesnuda y por  organizar encuentros de body painting  que titulaba “Anatomic Explosion”, donde incitaba a la desinhibición, a la liberación interna y a la ruptura de convencionalismos y que solían culminar en orgías. Coetánea de Andy Warhol, expuso junto a él en la era del pop-art y en algún momento de su vida tuvo incluso más protagonismo. Cuando alcanzó cierto renombre dentro de los círculos artísticos empezó a trabajar también como diseñadora de ropa, son dejar a un lado su faceta como pintora (sus obras evolucionaron desde pequeños cuadros conceptuales  a enormes lienzos coloridos y salvajes muy art brut ) y escultora. En el 2008 una de sus piezas se vendió por 5,1 millones de dólares, lo que la convirtió en la primera mujer viva que lo lograba. Sus obras abruman; uno se siente completamente envuelto por un universo neurótico y enfermizo, que es el que refleja el trastorno obseso-compulsivo con el que ha sido diagnosticada Kusama. Los muebles  blancos, o la ropa que diseña creada con macarrones o con representaciones fálicas hechas de tela generan una sensación de infinito desasosiego. Los ojos y los lunares son otra constante en su obra, en la que el universo (como contexto de la angustia vital humana) tiene un papel preponderante. Tiene una forma interesantísima de canalizar su patología; el exceso le provoca miedo y a la vez atracción, necesidad de vivirlo, de exponerse al extremo. Cuando se le acababa el papel seguía pintando en la pared. En Internet alguien asegura que en algún momento de su vida Kusama, ante la acumulación de flores se las comía.  En el Whitney se puede ver además una instalación sublime “Fireflies on the water” que permite acceder de forma individual al interior de una habitación llena de agua, donde se ha de permanecer quieto sobre una tarima de madera rodeado de luces de colores que envuelven y recrean sentimientos encontrados, que giran en torno al desequilibrio y la belleza. Kusama regresó a Japón y desde hace 35 años vive en un hospital psiquiátrico por voluntad propia, dentro del cual tiene su propio estudio.

  “Fireflies on the water”