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Paul Auster & Vila-Matas


Tenía esa ilusión infantil de verlos en persona, de comprobar que eran reales. Ese fanatismo que ocasionan masivamente las estrellas del rock o del cine, y que sin embargo, cuando lo causan los escritores adquiere una dimensión mucho mayor, de violenta intimidad. Uno ha leído y releído sus pensamientos (elegidos sí, para ser publicados, pero aún así intrínsecos, vivenciales) y siente la culpabilidad de quién ha leído algo privado al mirar al escritor. Como si nos hubiéramos enterado de un secreto que el autor no quería desvelar (pese a que haya un trato establecido, pese a que no sea exactamente así, así se siente). 

En persona Enrique Vila-Matas parece tímido y nervioso, viste con traje de chaqueta, tiene las manos finas, olvida con frecuencia coger el micrófono; Paul Auster tiene porte de galán, mantiene la compostura, rezuma tranquilidad, lleva un súeter marrón y tiene los dedos de las manos gruesos.  Comparten el sentido del humor, la broma dicha con el rostro serio. El escritor norteamericano comienza hablando; cuenta la anécdota de que un día, en un control de aduana del aeropuerto, se encontró con un policía que se quedó mirando fijamente su pasaporte y que iba enfadándose cada vez más mientras lo contemplaba, Auster, en un estado cada vez más nervioso no supo lo que ocurría hasta que finalmente el policía le recriminó que por su culpa había perdido 35 mil dólares en un show televisivo cuando le preguntaron cómo se llamaba uno de los libros que había escrito, a lo que él, que no leía, no supo qué responder. Vila-Matas, que escucha la conversación,traducida al español, a través de los auriculares, sonríe levemente. Se conocen, dicen, desde hace más de diez años y aseguran que probablemente los ha unido el no hablar el mismo idioma. Como ni uno sabe inglés ni el otro español, se hablan en francés (ambos vivieron en París varios años), pero la conversación nunca ha podido ser tan profunda como desearan. 

Vila-Matas cuenta que cuando era niño jugaba solo al fútbol, a favor y contra sí mismo, desempeñaba el rol de los once jugadores de cada equipo en una suerte de fantasía esquizoide. Una vez soñó que jugaba al fútbol rodeado de los rascacielos de New York y que desde entonces New York le pareció sinónimo de felicidad. En la traducción al inglés de "Dublinesca", el libro que Vila-Matas presentaba esta noche en el Instituto Cervantes de New York, aparece Paul Auster como  un personaje al que el protagonista de la novela se encuentra en Brooklyn. Tanto Vila-Matas como Auster afirman no reconocerse a sí mismos cuando aparecen como personajes en la ficción de otros autores. 

Cuando se le pregunta sobre la sinopsis de la novela, Vila-Matas parafrasea a Antonio Lobo Antunes diciendo que su libro "habla de todo lo que habla el libro" e incide en que las novelas no pueden resumirse sin más, no todas tienen una mera historia con un nudo desenlace y cierre, no todas pueden leerse del tirón; hay que masticarlas, dejarlas reposar, retomarlas, es un proceso lento, largo, la lectura. 

Al terminar no he podido evitar acercarme y ofrecerme como intérprete de cualquier encuentro informal entre los dos escritores, no se me ocurre nada mejor, tenía que intentarlo.

English


I had this childish illusion of seeing them in person, to verify that they were real. This fanaticism that is caused masse by the rock stars or start movies, and yet, when is caused by the writers it takes a much larger scale of violent intimacy. One has read and reread their thoughts (even if they’re chosen already to be published, but still intrinsic, experiential) and one feels the guilt of who has read something private. As if we had learned a secret that the author did not want to reveal (although there is an established treatment, although is not exactly like that, so it feels). In person Enrique Vila-Matas seems shy and nervous, dressed in a suit, his hands are fine, he often forgets to take the microphone. Paul Auster maintains his composure, exudes tranquility, he’s wearing a brown sweater and his fingers are thick. They share a sense of humor, the joke with a straight face. The American writer starts talking,; he tells the story of a day when he was in an airport customs control and he found a policeman stared at his passport, he was increasingly getting angry as he watched the passport, Auster, in a state increasingly nervous did not know what was happening until finally the police scolded his fault that he had lost $ 35,000 in a television show when he was asked about what was the name of one of the books written by Auster; the police don’t used to read so he didnt answer and he lost the Money. Vila-Matas, listening to the conversation, translated into Spanish, through headphones, smile slightly. They know each other  for more than ten years and they say that probably they are united because they ‘re not speaking the same language. As one doesn’t speak English and the other doesn’t Speaks Spanish,  they Spike to each other in French (they both lived in Paris for several years), but the conversation has never been as deep as they wished. Vila-Matas as a child used to play football, pro and against himself, playing the role of the eleven players from each team in a kind of schizoid fantasy. Once he dreamed of playing football surrounded by the skyscrapers of New York and since that momento, New York seemed synonymous with apiñes for him. In the English translation of "Dublinesca" the book that Vila-Matas presented tonight at the Cervantes Institute in New York, Paul Auster appears as a character that the protagonist of the novel meet in Brooklyn. Both Vila-Matas as Auster claim not recognize themselves when they appear as characters in fiction by other authors. When asked about the synopsis of the novel, Vila-Matas paraphraseds Antonio Lobo Antunes saying his book "speaks of all that the book talks" and affects that novels can not be summarized, not all have a mere story with a knot and close outcome, not all novels can be read flip; novels have to be chewed, let them rest. Reading  is a slow, long procedure. At the end I could not avoid to offer me as a interpreter of any informal meeting between the two writers, I can not think of anything better, I had to try.